POLÍTICA

Pegados al celular



La Secretaría de Seguridad estatal divulgó, amablemente, que “en atención a un reporte” fue detenido “un conductor de una unidad del servicio público, quien al parecer inhalaba solventes en el ejercicio de sus funciones, lo que podría representar un riesgo para las personas pasajeras que utilizan este medio de movilidad”.

Acto seguido, uno le pone palomita a la Secretaría de Seguridad encabezada por el abogado Andrés Andrade. “¡Qué chido! —me dije a mí mismo—; algunos días estará fuera de circulación este pelafustán”. Acto seguido, recordé la cantidad de fulanos de tal que manejan unidades del servicio público —vulgo, camiones, taxis o combis— que manejan en condiciones iguales o peores, y ante los que no hay reporte que permita detener la forma en la que ponen en riesgo al pasaje.

Y no necesitan andar drogados o borrachos. Basta simplemente que hagan lo que hoy en día se ha convertido en un estándar en la industria de trabajo del volante: ir pegado al teléfono celular. No importa si es hablando, chateando, enviando mensajes de voz, viendo tiktoks o series… el caso es que no solamente no prestan atención completa a la manejada, sino que manejar distraídos por el teléfono celular se ha vuelto un comportamiento común y constante que los choferes ni siquiera ven que hay pasaje en la calle haciendo la típica señal de levantar la mano para que el autobús se detenga.

Desde luego, el riesgo de accidente aumenta, por más pericia y experiencia que acumule el chafirete en cuestión.

Lo “ más pior” es que se supone que es una obligación del conductor de cualquier vehículo automotor “abstenerse de utilizar teléfono celular o cualquier dispositivo de comunicación”. La multa asciende a la nada despreciable cifra de 20 unidades de medida y actualización, que al tipo de cambio actual en pesos y centavos ronda los dos mil 74 pesos con 80 centavos. Aunque el tema no sea la multa ni el castigo, sino el riesgo. Y aún tratándose la multa, este comportamiento se han vuelto tan normal, que prácticamente a ningún conductor se le sanciona por manejar —a cualquier velocidad— y utilizar al mismo tiempo el teléfono móvil. Ni siquiera cuando su atención está puesta en la pantalla, antes que en el camino o en el volante.

Y si menciono a los conductores del transporte público de pasajeros, debo decir que lo mismo sucede con algunos conductores de autos privados y con los motociclistas. Estos últimos usan una mano para conducir y la otra para hablar o mandar mensajes, en un acto que está emparentado con el malabarismo de alta escuela circense. ¡Chulada!

Pero últimamente en este valle (de lágrimas) de Toluca es más sencillo que te multen por estacionarse y no pagar el parquímetro —o por traer placas vencidas—, que por una infracción de tránsito que pone en riesgo al entorno. Supongo que se se necesitan mucha suerte para que se atienda un reporte o que se queden alineados los planetas para que reaparezca la policía de tránsito estatal, que por  más molesta y corrupta que fuera mantenía cierto orden en el caos. Especialmente en las unidades del servicio público.

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