DINERO

Nulidad ambiental



Toluca es una las ciudades más contaminadas del país. Esa ya es una afirmación que se ha repetido en esta media plana con cierto grado de rotundidad. Lo han señalado agrupaciones ambientales y centros de estudio respetables, además de organismos internacionales.

Y no hay ninguna acción visible —acción, no intención— para revertir el problema. Existen organismos y dependencias gubernamentales, además de programas vigentes, pero todo ha quedado en buenas intenciones. Todo se ha circunscrito a dejar por escrito las mejores y más buenas intenciones. La contaminación en el área metropolitana del valle de Toluca se ha institucionalizado y burocratizado,  como tal, mientras exista habrá quien “trabaje” en estos temas. Es decir, mientras haya contaminación habrá chamba para algunos, así que el arriba firmante ha de suponer que no les interesa acabar con el problema. Sólo administrarlo.

Al fin que sólo nos preocupamos cuando, como en esta época, la contaminación del aire se dispara. Porque desde hace más de una década, Toluca padece de altos niveles de contaminación por “material particulado” en esta época del año. Este primero de enero rebasamos los 400 puntos de contaminación y no parece que hayamos comprendido los daños ambientales y a la salud que significan prácticas como la quema de llantas, las fogatas y los anafres. Tampoco el impacto que tiene el excesivo uso de los artificios pirotécnicos.

La Organización Mundial de la Salud calcula que hay 9 millones de muertes asociadas a la contaminación —como factor que propicia muertes prematuras—. Y en México se calculan al año 9 mil 300 muertes en las que la contaminación del aire juega un papel importante. En el Estado de México, el Centro Estatal de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades calcula que 25 por ciento de las muertes por enfermedad cerebrovascular tienen que ver con la contaminación. Además, un conjunto de enfermedades como asma, conjuntivitis, infecciones respiratorias agudas, otitis media aguda,  enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad isquémica del corazón y la ya referida enfermedad cerebrovascular tienen casos vinculados a la contaminación.

Este fin de año e inicio de 2024, las fogatas, los artificios pirotécnicos, los anafres, las chimeneas domésticas, la quema de llantas, exacerbó la contaminación. No parece que haya modo de prevenir y menos de sancionar, que es el papel activo que deberían tener las autoridades.

De nuestra parte, como población es claro que cambiar costumbres como éstas toma mucho tiempo. Que crear conciencia es una tarea titánica. Y que no nos ponemos límites —además de que, ya dije, nadie se ocupa de las sanciones.

El valle de Toluca cubierto de una espesa capa de humo, la pérdida de la salud de los más sensibles a las sustancias contaminantes, su efecto en el ambiente, necesitan más acciones de todos, Empezando por cada uno de nosotros, pero también del gobierno. Porque no bastan las contingencias ambientales. Y menos los programas que se ven bien chidos en el papel, pero son una nulidad en la práctica.

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