EDUCACIÓN

Nada ha servido



A algunos les parece mal que se diga, pero la realidad en México se ha tornado violenta. En algunos estados más, en algunos estados menos, pero la violencia en la constante.

El estado de México en el lapso comprendido entre 2018 y lo que va de 2024 se han acumulado 16 mil 207 asesinatos. Sí, como en este país todo se mide o se cuenta en sexenios, se trata de los mil 928 días que han transcurrido del sexenio del presidente López Obrador. Se trata de un promedio diario de 8.4 asesinatos en la entidad mexiquense.

Hay estados donde la cosa está peor. Guanajuato es uno de ellos. Allá la cifra de asesinatos suma ya 22 mil 77: un promedio de 11.45 asesinatos diarios en estos cinco años y contando. Baja California no está lejos, pues acumula 15 mil 83 homicidios.

Y en términos proporcionales, Colima tiene una tasa de 115.2 asesinatos por cada 100 mil habitantes, la tasa más alta del país. Zacatecas es segundo lugar en este cálculos, con 89 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Si sumáramos la cifra de miles de desaparecidos a manos del crimen organizado, muchos de ellos probablemente muertos, seguramente la estadística sería más elevada. Para que sirva de comparación, el país tiene un promedio de 25.9 asesinatos por cada 100 mil habitantes.

Los números, lamentablemente no tiene rostro. Pero los muertos sí. En el sexenio han ocurrido 181 mil 327 homicidios, según el recuento diario de la consultora T Research.

El arriba firmante no culpa de las muertes al gobierno del presidente López Obrador. Hay demasiados factores en esta realidad, cruenta y dolorosa. LAs acciones del gobierno son uno de esos factores. Pero es verdad que a poco más de seis meses de que termine el gobierno del presidente de la república, hay un fracaso en la meta de devolverle la paz y la tranquilidad al país.

No estamos hundidos en el abismo. Tampoco hay una catástrofe nacional. El país sigue caminando gracias a los mexicanos de a pie. Algunos quisieran creer que está sostenido por alfileres, pero no. Sin embargo, hay hechos cada vez más frecuentes que apuntan a la putrefacción real, que se ha ido agravando. Ahí está el asesinato de un normalista de Ayotzinapa y el increíble —por absurdo— escape del policía que disparó en su contra. La desaparición y posible secuestro del periodista Jaime Barrera en Jalisco. Los choferes del transporte público golpeados y amenazados por criminales en Acapulco. Los policías asesinados en Celaya. Los jóvenes desaparecidos en los Altos de Jalisco. Las sospechas gringas de intromisión del narco en el círculo presidencial. Los obispos tratando de lograr una tregua.

Y en los últimos tres sexenios, 450 mil homicidios. Con la guerra declarada por Felipe Calderón, con la continuidad del modelito durante el gobierno de Enrique Peña, y con los “abrazos, no balazos” del actual gobierno, solamente es visible que el panorama empeora. México tiene años con un sistema que sólo administra la violencia y el delito, pero no lo resuelve; intenta la justicia, pero no la logra. Nada ha servido. ¿Para los próximos seis años, qué?

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