EDUCACIÓN

Los eclipses en la cosmogonía de los pueblos originarios del Edomex



Este lunes 8 de abril, México será uno de los países privilegiados al ser testigo del eclipse que ocurrirá; un fenómeno natural en el que la Luna se interpondrá entre la Tierra y el Sol y es considerado como el evento astronómico más importante de este 2024.

Para evitar que la oscuridad se prolongue, el pueblo mazahua realiza algunas prácticas para ayudar a que el Sol regrese. (Foto: Especial)

En las diversas culturas el Sol tiene un papel preponderante, considerándolo incluso como deidad, al igual que la Luna. Ambos astros mantienen una estrecha relación en la cosmogonía. Si bien, cada cultura o pueblo tiene una interpretación propia del universo, la gran mayoría comparte la relación entre el Sol y la Luna. En el caso de los pueblos originarios del estado de México, también existen relatos que explican el origen de los astros. Por ejemplo, en la cosmogonía mazahua se define a la Luna como un ente devorador, por lo tanto, en un eclipse la Luna ‘se come al Sol’ generando oscuridad.

Para evitar que la oscuridad se prolongue, el pueblo mazahua realiza algunas prácticas para ayudar a que el Sol regrese. En entrevista para Así Sucede, David Gómez Sánchez, doctor en Estudios Mesoamericanos y profesor de tiempo completo de la Universidad Intercultural del Estado de México, explicó que entre los pueblos originarios del estado de México existe la creencia de que la oscuridad generada por un eclipse lleva a la transformación, no sólo de personas y animales, sino también de objetos; es por ello que realizan algunas prácticas cuyo origen es ancestral.

“En algunos pueblos originarios del estado de México, durante los eclipses, se pide que las familias se concentren en el interior de las casas, principalmente las cocinas, y se encienda un pequeño fuego o en los oratorios familiares se encienda una veladora o un cirio y toda la familia se coloca en círculo para poder rezar porque el Sol regrese para, en este caso, brindándole energía, poder regresar y evitar ser devorado completamente por la Luna. Hay también otra serie de prácticas porque se cree que la noche nos lleva a la transformación en el sentido de la creencia del nahualismo, es decir, en los pueblos mesoamericanos se considera que bajo los efectos de la oscuridad los cuerpos son transformados. En este periodo, en los eclipses, que existen momentos de oscuridad, lo que lleva es a la transformación y por eso se cree que los magueyes, los árboles que están frutando, los metates, las cazuelas y algunos utensilios de cocina que están en el exterior se tienen que atar con un lazo o un listón para evitar que se conviertan en animales feroces”, explicó.

Al considerar a la Luna como un ser depredador, entre los pueblos originarios del estado de México también existe la creencia de que durante los eclipses debe existir alguna protección en especial entre las mujeres embarazadas a quienes se les recomienda portar una llave, un listón o algo de metal en el vientre para evitar que la Luna devore alguna parte del feto, como por ejemplo el labio. Esta práctica no es exclusiva para las mujeres, pues también suelen proteger a los animales, incluso a los árboles.

“Por ejemplo, los mazahuas y los otomíes también colocan listones a las hembras que puedan estar preñadas; o algunos otros animalitos, incluso en las aves. En las nideras de los pollos o las nideras de los guajolotes se les coloca un cuchillo o un instrumento de metal entre los huevos de las guajolotas o las gallinas para que la Luna no pueda comerse los productos. Se cree que, si durante el eclipse no se protege, los pollitos pueden nacer con el cuello torcido y no sobreviven”, indicó. De acuerdo con el antropólogo, localidades del norte del estado de México como Pueblo Nuevo, San Pedro de los Metates y Tixmadeje en el municipio de Acambay; Zaragoza en Timilpan; Toxhié en Aculco; La Magdalena en Temascalcingo; así como en diversas localidades de San Felipe del Progreso, aún se llevan a cabo este tipo de prácticas. A pesar de que las nuevas generaciones son más escépticas en mitos, leyendas o supersticiones, son los adultos quienes a través de relatos permiten que estas creencias perduren hoy en día.

“Por ejemplo, los mazahuas y los otomíes también colocan listones a las hembras que puedan estar preñadas; o algunos otros animalitos, incluso en las aves. En las nideras de los pollos o las nideras de los guajolotes se les coloca un cuchillo o un instrumento de metal entre los huevos de las guajolotas o las gallinas para que la Luna no pueda comerse los productos. Se cree que, si durante el eclipse no se protege, los pollitos pueden nacer con el cuello torcido y no sobreviven”, indicó.

De acuerdo con el antropólogo, localidades del norte del estado de México como Pueblo Nuevo, San Pedro de los Metates y Tixmadeje en el municipio de Acambay; Zaragoza en Timilpan; Toxhié en Aculco; La Magdalena en Temascalcingo; así como en diversas localidades de San Felipe del Progreso, aún se llevan a cabo este tipo de prácticas.

A pesar de que las nuevas generaciones son más escépticas en mitos, leyendas o supersticiones, son los adultos quienes a través de relatos permiten que estas creencias perduren hoy en día.

“Un fenómeno natural como los eclipses no son recurrentes, pero justamente cuando regresa el fenómeno detona la memoria. Las familias se enteran que va haber eclipse y empiezan a preguntar quién de la familia está embarazada, quién de la familia tiene algún padecimiento y empiezan a contar todos estos relatos de prácticas de los abuelos y, nuevamente, el conocimiento del pasado se trae al presente con contextos distintos”, explicó.

Si bien, estas prácticas son usuales entre diversos pueblos originarios en México, no son exclusivos de la cultura mexicana, ya que son muchas las creencias de los pueblos mesoamericanos que son resultado del pasado prehispánico.

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