SEGURIDAD

Día de Muertos, el dolor y la alegría de recordar a los que partieron



Vida y muerte, una relación que siempre ha existido a través del tiempo en las distintas culturas, aunque con interpretaciones diferentes. En el caso de la sociedad mexicana, es necesario retroceder en el tiempo y recordar a los mexicas, cultura que con el Mito de los Cinco Soles o de las Cinco Eras, sostenía que en cada una de ellas el mundo era destruido para, posteriormente, volver a crearlo.

Al llegar la quinta era, la que actualmente vivimos, la Tierra era oscuridad total, por lo que los dioses decidieron llenarlo de vida y para ello era necesario el sacrifico de dos guerreros para poder dar vida al Sol: Nanahuatzin y Tecuciztécatl. Ahí parte la idea de la vida y la muerte no como oposición sino como complemento. Desde la misma perspectiva, surge la vida sobre la Tierra, cuando Quetzalcóatl baja al inframundo y esparce su sangre preciosa sobre los huesos de los muertos del Mictlán.

En la misma cultura mexica, entre los meses de agosto y septiembre, cuando ellos consideraban que los campos morían, tenían que hacer dos fiestas relacionadas con la muerte simbólica de los campos. Con ello, se iniciaron las ofrendas y rituales.

Metztli del Mar Bautista Puga, maestra en Antropología y Estudios de la Cultura, explicó en entrevista para Así Sucede que, en el México prehispánico, existía la creencia de que los muertos trascendían a un lugar dependiendo del tipo de muerte que tuvieron.

“Había una serie de rituales que tenían que ver con el tipo de muerte y el lugar al que tenía que ir la persona dependiendo con el tipo de muerte. Entonces, vamos a encontrar al Mictlán con el lugar muy general de los muertos a donde iban las personas que simplemente morían por vejez o por alguna situación, ahí tenían que ir con Mictlantecuhtli que era el dios tutelar. También tenían otro lugar que era el Tlalocan donde las personas que morían relacionadas con el agua, iban con Tlalocan a ese lugar que se llamaba el Tlalocan(…)También tenían el Tonatiuhichan, la Casa del Sol porque ahí iban los guerreros muertos en batalla y las mujeres que morían en el parto porque estos guerreros y estas mujeres se creía que morían por generar una vida nueva”, señaló.

Los niños también tenían un lugar al que iban después de morir, su nombre era Chichihualcuauhco, el cual era representado por un árbol que daba leche y con ella se alimentaban esos pequeños.

Por otro lado, para los españoles, la idea de la muerte era equivalente a tristeza, dolor y sufrimiento, por lo que con La Conquista, hubo un sincretismo entre la cosmovisión mexica y la visión española sobre la muerte.

“Por eso en México tenemos estas dos condiciones; por un lado, cuando un ser querido muerte claro que nos duele, pensar que el mexicano se burla de la muerte sería algo muy simplista de explicar. Más bien, nos duele, sufrimos, lloramos, nos parte el alma cuando alguien muere. Eso sí duele, ahí no nos reímos de la muerte pero cuando nos toca conmemorar a esa persona que se fue, entonces justificamos ese dolor con un poco de la alegría. La persona, si bien, ha muerto en cuerpo, pero no ha muerto en el recuerdo. Entonces, es como decirle a la muerte ‘Sí, te lo llevaste de forma completa pero aquí lo seguimos recordando y sigue vivo en el recuerdo”, precisó.

La investigadora y profesora de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de México, señaló que en nuestro país tiene dos funciones, por un lado los rituales de despedida y el proceso de duelo, tanto individual como el social, entre ellos la despedida al ser sepultados. Sin embargo, la pandemia impactó incluso en estos rituales ya que hubieron miles de personas que no tuvieron la oportunidad de vivir ese duelo y realizar sus rituales de despedida.

“En el caso de México, es muy particular la celebración de los difuntos niños que se celebra el 31 de octubre. Esta reminiscencia viene justamente de la celebración o de estos espacios a donde iban los niños en el México Prehispánico. ¿Por qué se colocan ofrendas y por qué no se colocan altares? Porque las ofrendas tienen una carga indígena, la idea de celebrar, la idea de colocar el alimentos favorito de las personas, colocar el cempasúchil, colocar las veladoras o el fuego para iluminar el camino, eso es una idea evidentemente indígena. Cuando vamos al panteón y hacemos misa y colocamos la foto del difunto pero hacemos su rosario pero vamos a misa, esa es una tradición evidentemente occidental cristiana. Vemos que ya en la práctica real justamente se mezclan estos elementos”.

Metztli del Mar Bautista finalizó haciendo referencia al antropólogo social Claudio Lomnitz quien considera que esta celebración del Día de Muertos podría tener dos finalidades, la primera es recordar a los que han partido y la segunda, asegurar que seremos recordados por las futuras generaciones.

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