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Desinformación



El Foro Económico Mundial acaba de avisar que en este año 2024, en el que hay elecciones en 70 países, las noticias falsas van a ser el pan nuestro de cada día.

La desinformación es el riesgo número uno para la democracia, según un grupo de mil 500 expertos consultados para un informe dado a conocer en el momento en el que inicia la famosa reunión en la ciudad suiza de Davos. El segundo mayor riesgo para el mundo es el cambio climático —aunque este tema ha permanecido en el primer lugar en el transcurso de la última década—.

Sobre la desinformación, el informe apunta que al surgir como el riesgo global más grave previsto para los próximos dos años, “los actores nacionales y extranjeros aprovecharán la desinformación para ampliar aún más las divisiones sociales y políticas. Dado que se espera que cerca de tres mil millones de personas acudan a las urnas electorales en varias economías (entre ellas Bangladesh, India, Indonesia, México, Pakistán, el Reino Unido y los Estados Unidos) durante los próximos dos años, el uso generalizado de información errónea y desinformación, y las herramientas para difundirlo, pueden socavar la legitimidad de los gobiernos recién elegidos. Los disturbios resultantes podrían variar desde protestas violentas y crímenes de odio hasta enfrentamientos civiles y terrorismo”. Cualquier cosa.

El Foro Económico Mundial previene sobre el hecho de que las capacidades de quienes generan información manipulada se están acelerando rápidamente, en la misma medida en la que prolifera el acceso abierto a tecnologías cada vez más sofisticadas y se deteriora la confianza en la información y las instituciones. La desinformación amplificará “las divisiones sociales, la violencia ideológica y la represión política, ramificaciones que persistirán mucho más allá del corto plazo”. Además, manipulará a los individuos, dañará las economías y fracturará las sociedades de numerosas maneras durante los próximos dos años.

La advertencia del Foro Económico Mundial incluye el hecho de que los avances tecnológicos “han aumentado el volumen, el alcance y la eficacia de la información falsificada, con flujos más difíciles de rastrear, atribuir y controlar”. Por si eso fuera poco, la desinformación también “se personalizará cada vez más para sus destinatarios y se dirigirá a grupos específicos, como las comunidades minoritarias, y se difundirá a través de medios más opacos”, incluyendo plataformas de mensajería como WhatsApp.

Como resultado, en una época en la que tenemos la mayor cantidad de información a la mano, estaremos más desinformados.

La desinformación y la división no son nuevas. Hay una novela francesa por entregas llamada Los Pardallian, de Michel Zevaco. Se sitúa entre 1553 y 1616. Una de las personajes, real e histórica, Catalina de Medici, da una lección del uso de las que ahora se llaman “fake news”.

El informe advierte que las implicaciones de estas “campañas manipuladoras podrían ser profundas y amenazar los procesos democráticos. Si se cuestiona la legitimidad de las elecciones, la confrontación civil es posible –y podría incluso extenderse a conflictos internos y terrorismo, y al colapso del Estado en casos más extremos”.

En el caso concreto de México, señala que la sociedad civil ha estado preocupada por el enfoque del gobierno hacia las noticias falsas y sus implicaciones para la libertad y seguridad de la prensa.

Ya lo vivimos en el pasado reciente. El riesgo es alto.

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