MEDIO AMBIENTE

Apropiación del tren


Este comentario, siempre atento del acontecer local, olvidó hacer algún comentario sobre la puesta en marcha del tren México-Toluca.

El arriba firmante quiere reivindicarse ante tal omisión, producto del cambio de gobierno y la relectura de un texto de Ugo Pipitone. Así que el tema hoy es el tren México-Toluca, bautizado oficialmente como “El Insurgente”, y cuyo primer tramo fue inaugurado hace casi dos semanas por el presidente de la república mexicana, Andrés Manuel López Obrador, el ya exgobernador Alfredo del Mazo Maza, y la hoy gobernadora Delfina Gómez Álvarez.

Mis cuatro lectores permitan al arriba firmante elogiar a la población que, sin pena ni vergüenza de ningún tipo, ya se la llevó el tren, de paseo por Lerma, Metepec, Toluca, Zinacantepec y anexas. ¡Qué chulada! La apropiación como fenómeno que identifica, delimita y organiza socialmente está ocurriendo con el tren. Implica un sentido de pertenencia y también de construcción de conocimiento, de relaciones sociales y hasta de reorganización territorial. Lo celebro por las implicaciones que tiene, porque de momento el servicio está limitado geográficamente y no tiene los alcances que se esperan cuando esté funcionando por completo.

Miles de personas se han apersonado en alguna de las estaciones para conocer el nuevo sistema de transporte. Familias completas que han aprovechado el servicio hasta como una opción de entretenimiento. Los fines de semana los vagones van pletóricos y la gente acude en plan festivo, con la seguridad de que se trata de un servicio al que pueden acceder porque hasta el último día de septiembre serña gratuito.

Del otro lado, estas multitudes convocadas por “El Insurgente” han atraído a su vez a comerciantes ambulantes y semifijos.

En Lerma, especialmente, ante la ausencia de autoridad municipal y de orden —o con la complicidad y la anuencia del gobierno municipal, también es posible— estos comerciantes han creado un pequeño mercado que ya nos evoca a la estación Observatorio del Metro de la Ciudad de México: la tinas de plástico llenas de hielo con sus respectivas aguas y refrescos, las tortas de jamón o queso de puerco, los manteados de colores, los implementos para el teléfono celular o los lentes de sol… ya saben a lo que me refiero. Aunque el fenómeno no es exclusivo de Lerma, sí se nota más que en las otras estaciones.

Y emparentado con ese desorden, se encuentra la falta de un proyecto para el camellón de Las Torres que permitan que la sociedad aproveche el espacio público —se antojan espacio deportivos bien puestos, jardines lineales radiantes, ¿no?—, al contrario de lo que ocurre en la actualidad, en que algunos particulares han habilitado estacionamientos o talleres en el amplio camellón y tenemos campos de futbol de tierra y juegos infantiles cayéndose con el peso del óxido. Ya es tiempo.

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